Algún día, todo tendrá sentido

Se nos ha ocurrido esta semana hablar un poquito de nuestras aventuras en el camino del emprendimiento. Hace unas semanas escribíamos sobre lo mucho que se aprende mientras se emprende. Inauguramos pues “sección”: pequeñas capsulitas sobre lo que se nos pasa por la cabeza durante este trayecto, por si hay alguien por ahí, al otro lado de la pantalla, que está pasando o va a pasar por lo mismo. Porque a todos nos gusta oír las experiencias de los demás, sobre todo si nos pueden echar una mano.

El que diga que los principios de su primer negocio fueron un camino de rosas miente, y miente bastante. Lo difícil no es decidirse a empezar el camino, lo difícil es andar el camino. Una vez te ves inmerso en el proceso de creación de tu propia empresa, de darla a conocer, las dudas no se quedan atrás. Las dudas y los miedos son un fiel compañero de camino. Hay días que parece que se han esfumado, que estás tan seguro de lo que haces y lo que quieres que no hay quien te pare. Sin embargo, y suele ser cuando menos te lo esperas vuelven, y vuelven con tanta fuerza que nublan el camino, te quitan la vista de tu objetivo y hacen que te invada una ganas irremediables de deshacer el camino andado y abandonar. Sin embargo, lo que quizás no sabes en ese momento en que quieres dejarlo todo es que ya no hay vuelta atrás. La semillita que se instala dentro de ti, que te invita a cumplir tu sueño, a hacer lo que quieres es tan fuerte que por mucho que quieras volver al principio del camino no lo vas a conseguir. Y ¿sabéis que? es mucho peor quedarse cómodamente en la zona de confort con la duda de si tu sueño podía haberse hecho realidad que fracasar.

Además de las dudas que asaltan el camino están las situaciones, esas circunstancias dispares, extrañas e inesperadas que de repente surgen de la nada y te ponen el proyecto patas arriba. Cambios en situaciones personales, profesionales… una ayuda que creías que ibas a recibir y no recibes, un cliente que falla, un cliente que te pide algo totalmente diferente a lo que haces, una oferta de trabajo que no esperabas recibir… Ahí están las temidas circunstancias de cada uno. “Yo soy yo y mis circunstancias” decía Ortega y Gasset, pero ese “paisaje” que nos rodea no puede ni debe ser una excusa, ni un pretexto para disculparnos y seguir en la zona de confort. Las circunstancias están ahí para explicarlas, para encontrarle sentido, para sacarle partido. Si tenemos un objetivo, una nueva situación quizás nos invita a dar un nuevo enfoque, pero no nos tiene porque apartar del objetivo.

Tenemos la firme convicción de que las cosas siempre pasan por algo. Quizás algo que a priori sea malo nos pueda llevar a algo mucho más bueno. Llamémoslo karma, llamémoslo Divina Providencia, llamémoslo como queramos. Nosotros construimos nuestro camino, las circunstancias condicionan, pero no determinan. Solo hay que estar atento, hay veces que por estar mirando demasiado alto no vemos las flechas que hay en el suelo y nos indican el camino.

El pasado viernes allí estábamos, Ana y Rocío, Rocío y Ana, a las once y media de la noche en la Cafetería La Antigua, observando como una vez más teníamos condicionantes que afectaban a nuestra Fábrica de Sueños, que ponían del revés lo que creíamos establecido. Cuando llegamos estaban todas las mesas vacías, pero no sabemos por qué, decidimos sentarnos en la primera por la derecha del pequeño saloncito que hay al fondo del local. Y justo encima de nuestras cabezas este cuadro:

“I suppose it will all make sense someday” ¿Sabéis que? Lleva razón, un día todo lo que parece caótico tendrá sentido. Todo tendrá su por qué y seguramente nos acordaremos y veremos que ha merecido la pena. Mientras tanto La Fábrica de Sueños sigue su camino, más fuerte e ilusionada que nunca.

 

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